EL HOMBRE TORTUGA

Publicado: 20 mayo, 2011 en COMUNICACION

El hombre tortuga
Sobre el escenario del Club Paraíso, Soledad, entonaba ‘Cruz de olvido’. Frente al escenario, en una de las mesas, Bashige tomaba una copa de Soberano. Como casi todos los que acudían al local de jazz, este inmigrante ilegal bebía para olvidar. Sin embargo, la canción se lo impedía.
El miedo a tener que regresar a su país, desquebrajándole la poca fuerza que le quedaba para seguir luchando y las pocas ilusiones que aún no se habían perdido en su largo caminar. Bashige trataba de despojarse de todos los sentimientos que había experimentado desde que logró cruzar el Estrecho. Todo el esfuerzo realizado para llegar a Europa fue inútil. Su familia tuvo que ahorrar durante años para conseguir reunir el dinero suficiente para enviarlo a la tierra soñada. Un par de años trabajando en España y sacaría a toda su familia de la miseria.
El deseo de prosperar y llegar a ser alguien, le llevó a abandonar Ouacha. Los llantos y sollozos de sus amigos y familiares, junto con el cantar de los grillos, formaban la banda sonora de aquella cálida y estrellada noche. El camino fue largo y duro, pero, al fin, logró llegar a la frontera de Marruecos, en lo alto de la montaña. Tras noches enteras caminando, nunca de día por miedo a cruzarse con algún policía, llegó a lo alto de la montaña. Desde allí divisó Europa, sin embargo, se encontró con un obstáculo inesperado: una valla triple y electrificada.
Tras buscar durante varios días, logró encontrar a un hombre que le ayudara a cruzar a nado el Estrecho, un porteador que, por 1.500 euros, se viste con traje de neopreno a cuya espalda se sujeta el inmigrante, como una tortuga. A pesar de que el mar estaba en calma, Bashige pasó miedo. Era de noche, no veía nada a su alrededor y el agua estaba muy fría. Las olas golpeaban contra su cara, dificultándole la respiración. Durante horas, tuvo miedo de morir ahogado. Con síntomas de hipotermia y a punto de desfallecer, tuvo que ser atendido por voluntarios de Cruz Roja.
Una vez en España, el sueño se convirtió en pesadilla y el paraíso en seol. Primero hubo que buscar un lugar donde dormir. Encontró un cuchitril que compartía con otros 5 simpapeles. Uno de ellos le ayudó a encontrar empleo, trabajando para las mafias, vendiendo bolsos falsos en la calle. Explotado por sus jefes y en alerta en todo momento por el miedo a ser deportado a Argelia.
Entre el gentío de la ciudad, se siente arrumbado. Camina cabizbajo, recibiendo miradas recelosas. Le invade la incomodidad. No encaja en la sociedad. Sabe que le quieren despojar de la tierra soñada. Anhela su ciudad, pero no puede regresar. No puede fallar a quienes pusieron todas sus ilusiones y sus ahorros en este viaje que haría prosperar a toda una familia.
Sorbo a sorbo, Bashige trata de olvidar todos esos sentimientos. Pero en realidad, la voz de Soledad y la música que emerge del viejo piano de Germán, es lo que realmente mantienen con fuerza al joven inmigrante, otorgándole alas para volar.

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